*Artículo publicado en Revista ALAI Nº555 

Por: Sistema Continental de Formación Política

En el 2003 Fidel Castro pronunció en La Habana su histórico discurso conocido como “La Batalla de Ideas, nuestra arma política más poderosa”. El líder de la Revolución Cubana desarrolló allí algunos elementos fundamentales para cualificar el trabajo de los sectores populares y sus organizaciones políticas, a la hora de hacer frente al aparato cultural del sistema capitalista y a su ropaje neoliberal. Con este precedente, así como con las enseñanzas del venezolano Simón Rodríguez, —maestro de Simón Bolívar—, y del incansable brasileño Paulo Freire, nutrimos nuestro trabajo, con raíces que se entierran muy hondo en nuestra historia continental.

La Articulación de Movimientos Sociales y Populares hacia el ALBA estableció como uno de sus pilares la batalla ideológica y cultural, en cuyo marco se desarrollan nuestras tareas de formación política. De esta manera, a partir de nuestra experiencia como movimientos sociales y populares, decidimos reforzar la disputa por el sentido común para construir y fortalecer la identidad colectiva de Nuestra América. Con ello, pretendemos avanzar en el diálogo entre los procesos de investigación orgánicos, los símbolos y resistencias de nuestros pueblos y sus conocimientos ancestrales, con la producción de conocimiento teórico, filosófico, académico y práctico, acompañados por procesos de educación popular y transformadora. Sin embargo, a pesar de estos ambiciosos objetivos, nuestra tarea demanda reflexionar en torno a un primer desafío: ¿Podemos hablar de formación política y disputa de sentido a nivel regional sin conocer quiénes somos, qué hemos hecho, y de qué manera lo hemos hecho? ¿Podemos hacer formación sin antes conocer las experiencias pedagógicas de nuestro continente, sus organizaciones, territorios y contextos? ¿Hablamos todos y todas de lo mismo cuando nos referíamos a la “formación política” o la “educación popular”? En torno a estas preguntas nos hemos orientado, en los últimos cuatro años, las trece escuelas de formación política que impulsamos en nueve países diferentes.

Durante el 2019, las Escuelas de Formación de ALBA Movimientos iniciamos un proceso de reconocimiento y proyección de nuestro trabajo desde una perspectiva continental. La Escuela Nacional Florestán Fernandes, nos recibió en julio de aquel año en Brasil para realizar el I Encuentro de Escuelas de ALBA Movimientos. Allí trazamos un primer plan de trabajo que ponía por delante la necesidad urgente de conocernos, e intercambiar nuestras experiencias y procesos pedagógicos.

 

El rol de la formación política en una articulación continental

A diferencia de la educación formal o la capacitación instrumental, la formación política no es un fin en sí mismo, sino que responde a un proyecto político colectivo que, en nuestro caso, tiene una envergadura regional y un claro objetivo emancipatorio. Por eso, nuestra primera responsabilidad es vincular estas propuestas político pedagógicas con los objetivos estratégicos de nuestra articulación continental. Así las cosas, la formación política en ALBA Movimientos tiene como condición fundamental la intencionalidad de construir una formación para la transformación, que logre trascender los límites establecidos por los estados nacionales y por las dinámicas locales, para enmarcarse dentro de una propuesta nuestroamericana e internacionalista.

Así, la formación política resulta determinante para desarrollar un imaginario y una identidad política común, propia de una articulación que trabaja en la construcción del socialismo en Nuestra América. Es decir, no puede haber proyecto político sin unidad de pensamiento, sin coincidencias profundas en la visión transformadora. Es la formación política, junto al debate democrático permanente, el medio por excelencia por el que las organizaciones políticas revolucionarias pueden fraguar esa unidad y cohesión. Estos elementos, vistos en su conjunto, son parte clave de una acción política eficiente, transformadora y con vocación de poder popular. 

Debates y desafíos sobre la formación política

La intencionalidad de la formación política, entendida como herramienta al servicio del proyecto político, determina entonces cómo deben organizarse y construirse los procesos formativos en nuestras organizaciones. Aquí aparece la pregunta sobre el método y la metodología, la que ha sido uno de los elementos centrales que han guiado nuestro accionar como escuelas y como sistema continental. Entender que las diversas formas de abordar contenidos y objetivos político-pedagógicos hacen parte de la diversidad misma de organizaciones, sujetos, tradiciones y estrategias de lucha, nos ha permitido encontrar formatos y lenguajes que sean próximos a las realidades de los distintos contextos.

Tomamos el materialismo histórico y dialéctico como método para organizar los procesos formativos, vistos desde la realidad concreta de los territorios, sujetos y contextos. A este abordaje de la realidad se suma el elemento histórico, en la medida que nuestro método comprende los procesos sociales desde las determinaciones del pasado en el presente, y del presente para la proyección del futuro. La apuesta continental de ALBA Movimientos es la de crear las condiciones del cambio, y no esperar que estas se generen de forma espontánea.

Por añadidura, nuestro método contempla un elemento central: en las sociedades de clase, hay intereses que son contradictorios, por lo que su enfrentamiento es permanente y dialéctico. Eso significa que las temáticas de estudio y los procesos formativos están guiados, no por intereses individuales, sino en pos de construir las alternativas más viables para un proyecto político revolucionario que ponga en el centro a los sectores populares y a la clase trabajadora de Nuestra América.

Al interior de un proceso formativo, las y los sujetos aprenden y enseñan de formas distintas. Esto implica que las metodologías deben estar adecuadas a esta multidimensionalidad, a eso que llamamos las “dimensiones pedagógicas”. Esto implica pensar los procesos formativos más allá de los contenidos y las clases, involucrando el trabajo, la cultura, la mística, la organización, el intercambio y la construcción colectiva como dimensiones pedagógicas fundamentales para las transformaciones de conciencia.

Es importante resaltar las tradiciones y las historias que expresan las particularidades de América Latina y el Caribe y, dentro de ella, los componentes particulares y universales de los pueblos en lucha que constituyen nuestra realidad. Es la unidad del método lo que garantiza la diversidad metodológica que caracteriza los procesos formativos de ALBA Movimientos, pues los elementos comunes tienen sentido si aportan a las realidades de cada unos de los territorios y sujetos en lucha.

Con el objetivo de consolidar cada vez más la unidad en la diversidad, los procesos formativos de ALBA buscan dialogar con los desafíos de nuestro continente, sean ellos de carácter organizativo, programático, teórico y práctico; o sean producto de las dinámicas de las fuerzas conservadoras que inciden sobre nosotros. Más que una cuestión teórica o simplemente conceptual, la concepción de la formación de ALBA Movimientos, al articular el método y la metodología en términos de unidad en la diversidad, busca sobre todo organizar los sujetos de forma colectiva bajo un proyecto común.

 

La potencia de la articulación de escuelas

En los últimos años, el proceso de articulación en torno a la formación política ha sido una novedosa apuesta por estrechar los vínculos políticos y humanos, pero también ha permitido un salto cualitativo para las organizaciones y escuelas de ALBA Movimientos, principalmente en tres aspectos: 1) el fortalecimiento interno de cada una de las organizaciones desde el plano formativo; 2) el reconocimiento de la diversidad de métodos, metodologías y formas de abordaje de la formación política; y 3) la potencialidad política de la articulación de procesos formativos y escuelas.

En primer lugar, el proceso de articulación en torno a la formación política le brindó a cada escuela la posibilidad de ordenar, sistematizar y producir una meta-reflexión sobre la práctica formativa concreta llevada a cabo en el marco de sus respectivos países, organizaciones y tradiciones de lucha y pensamiento. El trabajo de base en los asentamientos y favelas brasileñas, en los barrios y selvas colombianas, en las ciudades perdidas mexicanas, en los campos y villas argentinas –por nombrar sólo algunos ejemplos–encierran una serie de particularidades, difícilmente reductible a premisas abstractas e intercambiables. La articulación nuestroamericana, producida a través de la formación política, fue fundamental para la consolidación de cada una de las organizaciones que intervienen en los territorios nacionales, piensan y re-piensan su militancia cotidiana e intervienen en la realidad para transformarla.

En segundo lugar, se corroboró la diversidad y la riqueza de experiencias formativas, producto del proceso de sistematización del método militante de cada una de las organizaciones involucradas en la construcción de escuelas. En relación al punto anterior, y en las antípodas de las perspectivas universalistas que tienden a homogeneizar los procesos históricos y formativos, el proceso de articulación de escuelas de ALBA nos permitió comprender –nuevamente– que la cabeza piensa donde los pies pisan, y que los procesos de formación que emergen de la praxis militante son producto de las formas y los contenidos que adquiere la lucha de clases en cada territorio. La perspectiva de investigación-acción participativa del colombiano Orlando Fals Borda; la pedagogía de la liberación de Paulo Freire; la pedagogía del Movimiento Sin Tierra; la metodología “campesino a campesino”; la formación ecuménica cubana; el teatro del oprimido de Augusto Boal; la concepción metodológica dialéctica de Oscar Jara; la educación pública popular de Isabel Hernández; el pensamiento pedagógico de Simón Rodríguez y de Simón Bolívar; las pedagogías feminista y decolonial en los procesos mesoamericanos, son sólo algunas de las expresiones de la riqueza conceptual y reflexiva de las clases populares en Nuestramérica. Y si bien la apropiación del marxismo en clave nuestroamericana ha sido central en la construcción de muchos de nuestros procesos formativos, este ha tenido un diálogo necesario con las corrientes pedagógicas y el pensamiento emergente de nuestros propios procesos de lucha, reflexión y construcción de conocimiento.

Podemos decir que el proceso de articulación en torno a la formación política en una plataforma continental, nos permitió comprender la potencialidad política y la importancia de la unidad en los procesos políticos y formativos de nuestras organizaciones y de nuestro continente. Las particularidades de cada escuela no opacan que nuestros pueblos tienen una historia común, de lucha contra los grandes poderes imperialistas: primero del imperialismo europeo (español, portugués, francés, inglés, etcétera) y más tarde, del imperialismo estadounidense. Retomando y reivindicando las singularidades y la diversidad de cada proceso formativo, estos puntos nos han permitido pensar una formación política de manera transversal, continental y como un proceso no acabado, que se encuentra en movimiento, y que acompaña los procesos de lucha de nuestras organizaciones y nuestro pueblo.