La llamada “tensa calma” que se cierne sobre Venezuela desde el ataque del 3 de enero está lejos de ser una situación aislada. Por el contrario, el episodio señala una escalada que puede alcanzar a toda América Latina si Estados Unidos avanza en una estrategia más amplia de intervenciones directas o indirectas en la región. Bajo la justificación de combatir el narcotráfico y el “colapso institucional”, la narrativa del gobierno de Donald Trump vuelve a reeditar un guión conocido en el continente: el de la criminalización de gobiernos soberanos para viabilizar acciones de fuerza y el control de recursos estratégicos.

Después de Venezuela, el discurso beligerante de la Casa Blanca comienza a apuntar con mayor intensidad a México, acusado de ser un corredor del narcotráfico internacional con complacencia estatal. Cuba y Colombia también aparecen en el radar de la retórica trumpista, reforzando la idea de que no se trata de seguridad regional sino de un proyecto geopolítico de expropiación de riquezas naturales y sometimiento de soberanías nacionales. Una relectura, en pleno siglo XXI, de las “venas abiertas de América Latina”.

En este tablero en movimiento, liderazgos regionales intentan contener el avance de la ofensiva. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva volvió a condenar el ataque contra Venezuela en conversaciones con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; con el primer ministro de Canadá, Mark Carney; y con el presidente colombiano, Gustavo Petro. La articulación diplomática busca construir una salida política que evite la generalización del conflicto y reafirme el respeto al derecho internacional y a la autodeterminación de los pueblos.

En Caracas, la presidenta interina Delcy Rodríguez calificó la acción de Estados Unidos como una “agresión vil” y reiteró que Venezuela “no merecía” el ataque sufrido. En un pronunciamiento oficial, rindió homenaje a cubanos y venezolanos muertos en la ofensiva y afirmó que el país responderá con firmeza, pero también con diplomacia, evocando el legado del libertador Simón Bolívar en la defensa de los derechos humanos y del derecho humanitario internacional.

Paralelamente al discurso duro, el gobierno venezolano anunció nuevas liberaciones de detenidos por delitos comunes o actos de violencia, en una acción descrita como un “gesto por la paz”.

A pesar de señalar supuestos retrocesos puntuales, Donald Trump mantiene un discurso explícito de interés económico. El presidente afirmó haber cancelado nuevos ataques tras la “cooperación” del gobierno venezolano, citando la liberación de los presos como una señal positiva. Al mismo tiempo, anunció que petroleras estadounidenses invertirán hasta 100 mil millones de dólares en Venezuela, con la promesa de reconstruir la infraestructura energética del país.

La incautación del petrolero Marinera, de bandera rusa, llevó a Moscú a reaccionar con dureza. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia calificó la acción de Estados Unidos como ilegal y advirtió sobre el riesgo de un aumento de la tensión militar y política en el espacio euroatlántico. A pesar de la posterior liberación de dos tripulantes rusos, el episodio elevó el nivel de preocupación del Kremlin respecto a la reducción del “umbral del uso de la fuerza” contra la navegación civil.

El bloqueo total impuesto por Washington a las exportaciones venezolanas de petróleo comienza a producir efectos concretos. El intento de incautación del petrolero Olina, en el Caribe, marca la quinta interceptación en pocas semanas. Buques cargados con millones de barriles permanecen detenidos en aguas venezolanas para evitar la confiscación, provocando una fuerte caída de las exportaciones y profundizando el estrangulamiento económico del país.

La ofensiva de Estados Unidos también generó repercusión en el Vaticano. En un discurso encendido, el papa León XIII criticó la “diplomacia basada en la fuerza” y denunció el debilitamiento de las instituciones multilaterales frente a la escalada militar global, citando explícitamente la situación venezolana.

En las calles, la solidaridad con Venezuela se extiende. Manifestaciones con el lema “Manos fuera de Venezuela” fueron registradas en Australia y en países del Sudeste Asiático, como Indonesia, Filipinas y Malasia, evidenciando que, a pesar del cerco político y económico, la Revolución Bolivariana aún encuentra apoyo entre movimientos populares de todo el mundo.

Para saber más:

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