En un artículo publicado este domingo en el New York Times, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva realizó una crítica directa a los bombardeos de Estados Unidos contra Venezuela y al secuestro del presidente Nicolás Maduro, ocurrido el 3 de enero. Al afirmar que “este hemisferio nos pertenece”, Lula expresó su incomodidad frente al retorno de una política intervencionista en América Latina y el Caribe y defendió la soberanía regional como un principio innegociable.

Mientras tanto, en Washington, Donald Trump actúa en múltiples frentes. Tras reunirse con el presidente estadounidense, la dirigente opositora de extrema derecha María Corina Machado declaró que será presidenta de Venezuela “cuando llegue el momento” y afirmó haber entregado a Trump una medalla del Premio Nobel de la Paz. El Instituto Nobel, sin embargo, reafirmó que dicha distinción es intransferible.

Analistas consultados por la prensa venezolana interpretan el encuentro como parte de una estrategia paralela del gobierno de Estados Unidos, que busca mantener canales simultáneos con la oposición y con sectores del actual gobierno venezolano para garantizar intereses estratégicos, especialmente en el ámbito energético.

Un reportaje de Reuters sostuvo que las negociaciones entre autoridades de Estados Unidos y el ministro venezolano Diosdado Cabello habrían comenzado meses antes de la operación que derivó en el secuestro de Maduro, incluyendo conversaciones sobre sanciones y advertencias para evitar ataques contra la oposición. El gobierno venezolano, sin embargo, reaccionó con enojo y negó cualquier diálogo secreto de carácter conspirativo, calificando esas informaciones como intentos de generar divisiones en el alto mando político del país.

En el plano interno, la presidenta encargada Delcy Rodríguez ha buscado proyectar estabilidad y un horizonte económico. En reuniones recientes con el empresariado, presentó lineamientos de crecimiento con inclusión, defensa de la producción nacional y fortalecimiento de la industria de los hidrocarburos, combinados con una administración más estricta de las divisas. En paralelo, el gobierno envió a la Asamblea Nacional una propuesta de reforma del sector petrolero que prevé el uso de mecanismos de la ley antibloqueo para facilitar inversiones. Delcy también afirmó no tener relaciones con Estados Unidos, y sí así fueran todos los acuerdos deben estar “al servicio del pueblo venezolano”.

El trasfondo de esta reconfiguración es un país profundamente marcado por las sanciones. Entre 2013 y 2022, la recesión económica consumió cerca del 75 % del PIB venezolano, según datos oficiales, en un colapso directamente asociado a las medidas coercitivas impuestas por Washington. Aun así, el nuevo escenario despierta el apetito de grandes grupos económicos: empresarios brasileños vinculados a los hermanos Batista que observan proyectos multimillonarios en el sector petrolero venezolano y que podrían beneficiarse del plan energético impulsado por Trump.

Entre discursos de soberanía, movimientos diplomáticos contradictorios y la carrera por el petróleo, Venezuela continúa en el centro de una disputa que combina presión externa, reacomodamientos internos y la permanente tensión entre autodeterminación e intervención.

Para saber más:

Artículo – El imperio expuesto: el terror de EE. UU. en Venezuela
Video – La batalla por la conciencia en la Venezuela post invasión
Análisis – Pepe Escobar denuncia el saqueo del petróleo en Venezuela y el uso de IA como arma contra analistas geopolíticos