Las consecuencias humanas y diplomáticas del ataque contra Venezuela comenzaron a ser dimensionadas oficialmente por el gobierno, con la divulgación de cifras, medidas de luto y declaraciones que profundizan la crisis bilateral con los Estados Unidos.

Gran parte del contingente de seguridad de Maduro fue asesinado a sangre fría por resistir al atentado y defender la Revolución Bolivariana. El número oficial de muertos fue informado por el ministro del Interior, Diosdado Cabello: 100 personas asesinadas en el ataque estadounidense.

Frente a este balance, la presidenta interina Delcy Rodríguez decretó siete días de luto nacional en homenaje a los caídos. La misma Delcy afirmó que las relaciones entre su país y los Estados Unidos ahora tienen una “mancha” sin precedentes en la historia de las relaciones bilaterales. La presidencia interina de Rodríguez tiene una duración máxima de 180 días, pasado ese plazo, el gobierno deberá convocar a elecciones.

El Senado norteamericano no quedó conforme con Trump por no haber sido consultado sobre el uso de las Fuerzas Armadas en el ataque contra Venezuela, y votó para prohibir que la acción vuelva a repetirse sin autorización.

Por otro lado, Donald Trump continúa con sus amenazas y exige que el gobierno chavista renuncie a la cooperación con Rusia, China, Irán y Cuba. Hay indicios de que China, por su parte, evalúa recalcular la ruta para mantener la asociación con el gobierno chavista.

Mientras tanto, la mentira trumpista continúa. Y también la sed por el petróleo. El terrorista mantiene el discurso de que puede conservar el control de Venezuela y de su petróleo durante varios años. Y los comerciantes europeos de hidrocarburos, Vitol y Trafigura,ya están en la lista de la Casa Blanca para negociación.

El petróleo venezolano es considerado del tipo más contaminante —llamado crudo pesado y ácido— y su explotación masiva debería generar grandes impactos ambientales, yendo a contramano de un futuro enfocado en el desarrollo de energías renovables. Algo que al mandatario norteamericano y portavoz del negacionismo climático no le importa.

Alineado con la política de devastación ambiental, el presidente estadounidense determinó la retirada de su país de más de 60 organizaciones internacionales. Según la administración, gran parte de estas entidades está vinculada a la ONU y actúa en áreas como cambio climático, relaciones laborales y otras agendas “woke”.

En este escenario, los intentos diplomáticos buscan atenuar la violenta reactivación de la Doctrina Monroe en las Américas, mientras en las calles crecen las movilizaciones masivas en Venezuela y Colombia contra las continuas ofensivas norteamericanas.

Para saber más:

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